Respeto a la autonomía del paciente VS problemas de salud pública

La inmunización de los niños contra una multitud de agentes infecciosos ha sido considerada una de las intervenciones sanitarias más importantes del siglo XX. ¿Qué pasa cuando los padres deciden no vacunar a sus hijos?

Gracias a la inmunización de los niños contra una multitud de agentes infecciosos se ha eliminado la viruela en todo el mundo, la poliomielitis en América del Norte y han hecho que infecciones comunes como la difteria, el tétanos o el sarampión sean raras. Las inmunizaciones pediátricas son responsables de prevenir anualmente 3 millones de muertes en niños, y pese a estos datos, algunos padres continúan rechazando las vacunas para sus hijos.

Los beneficios proporcionados por la mayoría de vacunas exceden el beneficio de la persona que está inmunizada. También hay un importante beneficio para la salud pública.

Los padres que optan por no inmunizar a sus propios hijos aumentan el potencial de daño en otras personas (niños que no pueden ser inmunizados por problemas de salud, etc.).

Si bien es cierto que la decisión de negarse a inmunizar a un niño se hace menos arriesgada cuando los otros han creado un entorno en el que la inmunidad seguramente mantendrá seguro al niño sin inmunidad, cabe destacar que estos individuos ponen un interés familiar por encima de su responsabilidad civil.

Algunos padres esgrimen fuertes testimonios, asociados a su vida, que se vinculan con la decisión de no vacunar a sus hijos. Tal es el caso de Federico Sánchez y su mujer, que tienen una niña de siete meses. No la vacunaron. Detrás de esta decisión hay una historia de la que la niña es completamente ajena. «En diciembre de 2013 nació nuestro primer hijo y nos sentimos pletóricos cuando nos dijeron que era completamente sano. Decidimos vacunarle tal y como se indica en el calendario médico —apunta este padre—. A los siete meses percibimos que tenía falta de tono muscular, pero no le quisimos dar excesiva importancia, siguiendo las recomendaciones de los médicos. Al poco tiempo de ponerle las segundas vacunas, el niño comenzó a tener espasmos».

Le hicieron pruebas e investigaron qué le estaba ocurriendo. «Fuimos atando cabos de esos pequeños síntomas que sufría y que los médicos no daban importancia y sospechamos que la causa estaba en las vacunas. […]  A través de nuestro abogado nos confirmaron que la ficha técnica de la última vacuna que pusieron a mi hijo tenía un 200% más de hidróxido de aluminio de lo declarado. El pequeño murió en octubre de 2013. Tenía dos años y diez meses».

Lo cierto es que, más allá de las excepciones aisladas, decidir dejar de vacunar a los niños podría acarrear desastres en la salud pública. El hecho de que cada vez haya más familias que no quieren vacunar a sus hijos supone una falta de confianza de los padres respecto a la profesión médica. Los profesionales de la salud y los padres están obligados a buscar beneficios médicos y minimizar los daños que pueden afectar a los niños que están bajo su responsabilidad.

Fuente: “Padres que no quieren vacunar a sus hijos: ¿qué riesgos implica para la salud de los niños?” — https://faros.hsjdbcn.org/es/

«Hay gente que no entiende nuestra decisión de no vacunar a nuestra hija» – ABC.es

Equipo Editorial de ResidenciasMedicas.com.ar

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